martes, 18 de octubre de 2016

Mi carta a Jane Wilde, ex esposa de Stephen Hawking / My letter to Jane Wilde Hawking.

A siete metros del Big Bang: visita al Cern. Me alojo en el Jesús College de Cambridge: artículo con fotos. Queridísima, amadísima, fortísima e inquebrantable Jane:

Aquí me ves, dispuesta a lanzar otra misiva al ciberespacio, esperando que, con un poco de suerte y alguna intervención de los motores de búsqueda, llegue a tus manos y que tú, a pesar de que la abajo firmante es una absoluta desconocida, dispongas de la paciencia necesaria para leerla, lo que sería meritorio, pero has llevado a cabo a lo largo de tu vida tantas hazañas heroicas, que la que te propongo en comparación es por completo risible.

A ti puedo escribirte en español porque sé que adoras nuestra lengua y nuestra cultura. Por cierto: avisa la próxima vez que visites Granada, te invitaré con mucho gusto; además, así te conozco. Claro que no he contado con la posibilidad de que tú no quieras conocerme, y estás en tu derecho. Todo depende de lo hastiada que quedes tras finalizar mi carta, lo que me inspira a esmerarme un poquito, ¿verdad?

Te preguntarás por qué te escribo e intuirás que estoy leyendo "Travelling to infinity". No, no lo he concluido, mas no puedo esperar porque voy por un pasaje que me resulta tremendamente injusto. Tranquila, no voy a entrar en juicios de valor, absolutamente estériles: no voy a caer en el fácil maniqueísmo, fuera de toda razón porque no soy quién para considerar ambas partes: no te conozco y tampoco a Stephen y a su familia. Simplemente commprendo, y quizás mejor que otros, como discapacitada -soy ciega-, la soledad que pudiste experimentar aquel día en que te espetaron que Frank Hawking no era partidario del ingreso de Stephen en una residencia, cuando a ti ni siquiera se te había pasado la idea por la cabeza. Lo único que pedías era un poco de ayuda, de comprensión, de apoyo moral..., ¡y eso fue un jarro de agua fría, que me perdonen los Hawking!
Yo quiero y admiro muchísimo a Stephen: como explico en la carta que le dirijo; su ejemplo ha contribuido en gran medida a mi completo abandono de la depresión, mi salida del maldito agujero negro en que estaba inmersa. Sin embargo, todos parecen olvidar que tras él existió un apoyo sin el cual muchos de sus logros no habrían sido posibles. No puedo imaginar que mis padres hubiesen sabido que yo era ciega y se hubieran encontrado sin información, sin gente a quien acudir, desorientados... ¿Cuándo se creó la asociación para enfermos de ELA?
Intuyo que el bueno de Stephen eludía el tema como forma de obviarlo, de no darle importancia; mas yo, discapacitada, estoy convencida de que tal elisión implica una no asunción de los hechos. Esto no es ni mucho menos un velado reproche a Stephen: ha de resultar durísimo aceptar que vas a deteriorarte hasta ser un mueble, sin posibilidad de comunicación; que puedes morir en cualquier momento... Sí: sentirse en un tiempo prestado. Igual se negaba a las consultas médicas porque imaginaba que había llegado su hora y no quería sufrir más... Entiendo su odio hospitalario: hubo de pasarlo fatal a los 20 años, en aquellas visitas y dolorosísimas pruebas para el diagnóstico...
Pero, querida: ¿tú eras su esposa, su compañera, la madre de sus hijos! ¿No podíais haber tratado el tema francamente? Quizás tuviese miedo de abordarlo... ¿No lo intentaste por tu cuenta? ¡Oh, pobre Jane! Cargada de trabajo y encima incomprendida.... Tuvo que ser durísimo, y yo admiro tu entrega y tu profundo amor. Fuiste un ángel en su vida; llegaste en el momento justo..., ¡y hasta lo salvaste de una definitiva desconexión! ¡Muchísimas gracias, Jane! Todos tendrían que reconocer esa labor digna también de premios, medallas y aplausos.

He sabido que luego trabajaste como profesora de español: ¿dónde, en la Universidad? Yo estudié Filología Hispánica, ¡y tuve que leer obras de Deyermond para la carrera! El Destino nos une, también en el aspecto musical. Este verano canté en Ludlow las Vísperas de Monteverdi, como relato en un artículo del blog. Me emocionó que fueras a ver la obra con Stephen. ¡Oh, el "Pulchra es" con el New College Choir! ¡Esos dos niños, de voz clara y bien formada...! Para llorar. Recomiendo la versión, que dirige Edward Higginbottom, claro.
Como ya habrás deducido, amo los coros ingleses de los Colleges, sobre todo el del King's College de Cambridge y el New College Choir y el Christ Church Cathedral Choir de Oxford. Admiro asimismo a los alemanes, como el Tölzer Knabenchor;. Igual que a ti, no me apasiona Wagner: encuentro sus obras demasiado largas y profundas, si bien reconozca su valor, obviamente; sobre todo en la aglutinación de todas las artes y en la creación del Leitmotiv que luego constituiría la base de la música sinfónica de bandas sonoras (cfr. Steinberg y Korngold). En cuanto a Webern, ni hablemos. Es que cuando ya empieza a abandonarse la tonalidad... ¡Sí, seré muy tradicional! Bach representa lo máximo. Como Stephen me declaro atea, pero eso no tiene nada que ver a la hora de apreciar y comprender su vasta obra religiosa y su maestría en el contrapunto.

Querida Jane: te deseo la máxima felicidad. Seguramente añada algo a esta publicación cuando termine de leer tus interesantísimas memorias. Saluda a Stephen y Lucy de mi parte. Confío en que él, por su bien y el de sus seres queridos, haya tomado otra actitud muy diferente con respecto a la enfermedad; imagino que sí, pues ya antes de que se fuera con su segunda pareja admitíais ayuda en casa.

Espero que la familia al completo goce de muchísima dicha y que ninguna sombra de tristeza enturbie los magníficos logros conseguidos. ¡Salud y fuerza para Stephen! Y para ti, adorada Jane, la alegría y el bienestar que mereces. Cambridge me ha cautivado, como demuestro en estas páginas. A ti Granada... ¡Te espero!

Yo, tu humilde lectora.

[A day later]
Jonathan ha aparecido en el momento justo, cuando estabas al borde de... Perdona: yo también abandoné, y durante muchos años; me colapsé y continué por inercia en una, por llamarla de alguna forma, no - vida. En mi caso, sin hijos de los que preocuparme y que necesitaran mi atención. Sólo durante el mes de abril empecé a emerger del letargo emocional que ya duraba un lustro, y es ésa otra de las razones por las que te comprendo perfectísimamente.

Creo que Jonathan y yo nos llevaríamos bien, porque desde pequeña fui una abanderada de la interpretación historicista de la música antigua, aun cuando aquí en España se sabía poco de eso. A los doce años mi indignación se hacía patente como alguien osara criticar a los estupendísimos coros de niños y solistas infantiles en mi presencia, y Nikolaus Harnoncourt se convirtió en un ídolo. Claro, también Göbel, Leonhardt, Brüggen, Hogwood, Gardiner, Pinnock, William Christie, Ton Koopman... La música suplió mi soledad en el periodo del Bachillerato, como narro en la carta a Stephen Hawking arriba citada.

Las palabras de Isobel me dejaron tan fuera de mí que no pude evitar una manifestación externa de rabia en forma de gruñido. ¿Cómo es posible? ¡Qué ingratitud! Mas dije que no iba a caer en el fácil reproche tan impropio ahora, 37 años después. No tengo derecho a juzgar a personas que no conozco y que habrán muerto, cuyos familiares viven aún y, con muchísima razón, podrían llamarme osada y fresca. Ayer no pude parar de leer porque quería aterrizar en un punto donde se hubiesen calmado las aguas, donde tú por fin pudieras empezar a relajarte... ¡Eureka! Las enfermeras comienzan a desfilar por la casa y, aunque ello suponga una violación de vuestra intimidad y a la larga os separe, por lo menos en este momento va a permitiros, a familia y colegas, afrontar la existencia de otra forma; y a Stephen le ocasionará una mayor libertad: ¡bravo! Por añadidura yo ya tengo unos meses, porque nací en diciembre del 79. Esto no presenta relevancia en la historia, mas me ilusiona comprobar que existía, totalmente ajena sin embargo a vuestras vicisitudes. Seguiré añadiendo impresiones. ¡Muchas gracias, Jane!

¡Más coincidencias del Destino! Gracias a tu impulso se creó en 1984 la Cambridge Baroque Camerata, de la que no había oído hablar antes. Jonathan es su director, obviamente, ¡y para colmo leo que ha recibido clases de mi adorado Christopher Hogwood! Otro de mis ídolos. Empleaba a esos magníficos niños de los College Choirs; a Emma Kirkby, de cristalina voz... ¡Parece cuadrar todo! No sé qué es lo que cuadra, pero ocurre. Será algo de la armonía de las esferas: ¡ja, ja, ja! A propósito de Hogwood: ni siquiera me enteré de su fallecimiento en 2014 porque andaba yo en el colapso emocional. Nos están dejando tantos... Gustav Leonhardt, Nikolaus Harnoncourt... A Leonhardt pude conocerlo personalmente en Córdoba, y tuve la oportunidad de estrechar su mano enfundada con mitones. Como director no me gustaba tanto por los tempi lentos y la escasa energía a veces, tan opuesta al vigor harnoncourtiano, mas, ¡vaya genio del clave! Leonhardt encarnó a Bach en una especie de película documental de los años 60 basada en "La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach", que no fue escrita por la esposa del insigne Kantor, sino por una dama inglesa farsante. De repente me estoy acordando del "Fingal", y de los envejecimientos actuales e intencionados de huesos para engañar al prójimo y despistar las investigaciones, y, cosas del discurso neuronal en noches de insomnio, del Papa que pidió a Stephen Hawking que los científicos no estudiasen nada relacionado con el Big Bang y el origen del universo porque sólo compete a Dios... ¡En pleno siglo XX! Yo no me hubiese callado; soy así: las injusticias me pueden. Le habría respondido: "Cara Papa [...]". ¿Es correcto? Suena un tanto raro... "Care pater: studiam, quid volo; cattolica ecclesia mala fecit; vos contra scientiam semper estis; nihil vobiscum volo; per Semper eo; noli me clamare; vale; et punctum".

Stephen ya ha perdido la voz. Por suerte luchó para recuperarla, y ahora nos habla desde su más que antiguo sintetizador, formulando las preguntas que han ocasionado jaqueca a la humanidad desde el principio de los tiempos: "¿quiénes somos? ¿Adónde vamos? ¿De dónde venimos? ¿Cómo se creó el universo? ¿Estamos solos en él? ¿Cuánto son 400 dracmas?". ¡Ah, no, colapso! "Si Dios es omnipotente, ¿podría crear una piedra tan pesada que le resultase imposible levantarla? ¿Cómo va la partida de dados divina? ¿Pillará Aquiles a la tortuga? ¿En qué momento durante el proceso de abrir la caja sabremos si el gato está vivo o muerto? ¿Por qué la teoría permite que unos trozos de taza rota en el suelo se recompongan y depositen en la mesa adoptando su forma perfecta, y que lleguemos a un sitio antes de salir, pero nada de esto se llevará a cabo en la realidad? Si un conductor viaja a 120 km/H, sale de casa a las 21:45 en una noche de luna llena, hace un alto a las 23:00 para tomar café, parte de nuevo a las 23:10 pero ha de reducir la velocidad a 90 km/h debido a limitaciones de lacarretera, a las 00:34 se detiene con objeto de dormir, retoma la marcha a las 03:25 y llega a su destino a las 05:12, ¿cuántos kilómetros recorre, cómo se llama el conductor, qué edad tiene y de qué marca era el café que tomó?". ¡Ah, no!
Conclusión: el insomnio es mala cosa, y cuando éste viene motivado por un dolor más que rutinario en el género femenino, la situación puede agravarse y afectar a las sinapsis neuronales, quod erat demonstrandum. Por tanto, es mejor regresar a la comodidad del lecho. Pero antes... ¡Ya tengo otra cita cuando vaya a Cambridge! La camerata. ¿Sigues cantando? ¡Qué maravilla!
¿Cómo pudieron pedirte la desconexión de Stephen? ¡Qué suerte que estuvieses allí para impedirla! Sí, un final tan indigno... Como el de este verano: que una loca norteamericana residente en Noruega hubiese acabado con su vida. Confío en que las medidas de seguridad para protegerlo sean extremas, ¡pues le resulta imposible defenderse! ¿Habrase visto mayor cobardía? ¡Me supera! Como alguien se atreva a hacer daño a mi querido Stephen Hawking, luego tendrá más que unas palabritas y algunos problemas serios conmigo: ¡he dicho! En el colegio de ciegos, el mayor castigo estaba reservado a los "abusones". A mí me acusaron de tal porque me metí en un armario y mi compañera no podía verme... ¡Pero es que estaba jugando al escondite! ¡Todos los niños practican tan inocente entretenimiento! ¡Injusticia! Aquella niña de ocho años que era yo hace 28 hubo de permanecer un buen rato de pie junto a la puerta de su habitación mientras las compañeras dormían plácidamente. A la cabeza se le vino el romance de las tres cautivas, que conociera unas horas antes en su libro de texto: trataba de tres hermanas, secuestradas y esclavizadas por los moros. Rosalía, la más pequeña, era la encargada de ir a por agua. Un día encuentra a un hombre viejo y le pregunta qué hace en la fuente fría. Él responde que está buscando a sus tres cautivas y ella, jubilosa, afirma que es su padre. Va a avisar a las hermanas, escapan no sé cómo y, cuando llegan a casa, la madre llora: "¿por qué lloráis, madre, / si esto es de alegría?". Yo derramaba lágrimas conmovida, más sensible ante las circunstancias personaless: estaba en un colegio interna, a 90 km. de casa, y había de esperar al fin de semana para ver a mis padres.

Tuvieron que ser horribles, durísimos aquellos días en Ginebra: ¡cuánto lloré leyendo el relato que haces! Y en la película, con la escena de Stephen rendido ante una rudimentaria tablilla de comunicación... Lo imagino pensando: "¿para qué? ¡No merece la pena!".
¿Por qué los guionistas lo hacen ir a Burdeos, a la ópera? ¿Por la teatralidad del asunto? Además, para ver a Wagner mejor Bayreuth. ¿Es que el Cern no les entraba en sus planes? ¿Les resultaba demasiado, demasiado... particular? ¡Ja, ja! ¿Son realmente tan particulares los físicos de partículas? Y digo yo: ¿cómo se le ve la cara a los mesones, los bosones, unas cosas tan minúsculamente pequeñas...? ¿Cómo se atrapan y se bombardean? ¡Yo que creía hasta hace poco que un mesón era un lugar donde había comida casera y posada! Y eso de que un electrón pueda estar al mismo tiempo en Nueva York y Sidney... Stephen, help!
Sigue durmiendo, Jane, que voy a lidiar con el dolor; dolor insignificante comparado con otros padecimientos, pero lo suficientemente molesto como para no dejarme abrazar por Morfeo, que hoy tiene otras ocupaciones. Ayer me llevó a un universo paralelo en que yo tenía cuatrillizas, ¡y me moría de desesperación! Sola, obligada a criar a cuatro niñas, decidí a mi pesar darlas en adopción, por la felicidad de las cinco. ¿Quiere decir eso que mi instinto maternal brilla por su ausencia, que soy egoísta? Mas dejemos a Freud tranquilo.
He vuelto a ver a Stephen! Parece encontrarse muy bien, hablando de las indudables ventajas para el futuro de la inteligencia artificial. En su foro de Facebook alguien ha comentado que no se conseguirá nada con ello, porque el progreso está en la espiritualidad. Yo le he respondido que deje todos sus artilugios: coche, teléfono, ordenador, televisión, etc.; que no ingiera medicamentos, que se olvide de la electricidad, de la ropa que lleva puesta, del sistema de calefacción..., ¡y que rece, a ver si progresa algo! ¿Qué ocurre, por qué hay tantos hipócritamente en contra de la ciencia? Ellos no renuncian a nada, pero insisten en negar los avances científicos y tecnológicos. Otro iluminado sudamericano pidió a Stephen que "respetara las leyes divinas". Yo le pregunté que cuáles, las de qué dios o dioses, y le pedí por favor que me explicara esas leyes, por ver si yo tampoco las estaba acatando y consecuentemente me iba a condenar sin remisión. Odio las altas temperaturas, de modo que el infierno no me resulta un lugar apetecible. El señor se fue por la tangente, por la secante, la cosecante y la cotangente: "Lee la Biblia". "Lee Las Metamorfosis" de Ovidio" -fue mi respuesta. Y luego que si la verdad, la verdad... Si todos tienen esa maldita verdad, ¡que la digan y no nos priven de ella! Eso sí, que avisen cuando vaya a acabarse el mundo para arreglarme y peinarme convenientemente; no me quisiera despedir en pijama y con los pelos revueltos; una mera cuestión estética. A todos ésos les he rogado que me permitan salvarme o condenarme solita, que no los necesito: ¡qué afán de proselitismo! ¡Que se ocupen ellos de su moral, de sus costumbres y de lo que les dé la gana, pero que me dejen!!!
Me encantaría interpretar el Mesías de Händel en Inglaterra, aunque se estrenara en Dublín. Cambridge sería buen sitio, ¡me voy con tu coro! He cantado esta obra sólo una vez, y dirigida por Philipp Pickett, como relato en este artículo. Sólo he hecho, por tanto, dos obras grandes, el oratorio haendeliano y las Vísperas de Monteverdi. Ahora me he apuntado a un coro de Sevilla, el de la Sociedad Musical. En Granada no hacen falta sopranos y hay algún coro que se niega a admitir a ciegos, o al menos el pasado año me rechazaron por este motivo: ¡IGNORANTES!
¡Quiero estudiar canto histórico y formar parte de un conjunto barroco! ¡Aquí no hay! El Conservatorio lo dejé porque preparan para ser solista y tener una voz engolada, operística, y el repertorio parece comenzar en el siglo XVIII... ¡No! ¡Yo aspiro a otro tipo de técnica! Mas, ¡ay! ¡Me siento sola! No sé dónde podría saciar mi sed musical. ¡Si pudiese estudiar en el extranjero, aunque fuera un año...! El Conservatorio estaba cargado de asignaturas como Armonía, explicada casi exclusivamente en la pizarra: ¿cómo puedo aprender a armonizar sin oír las voces y sin ver lo que se escribe? ¡Colapso! Era más la presión de tener hecho el ejercicio que lo que asimilaba. Sí, combinaba cuatro voces, pero... ¡Sin sentir nada, automáticamente, aplicando reglas que podía olvidar! ¡La música es más que una gramática! Pero voy a seguir con tu libro. Cuando lo termine, me va a apenar muchísimo dejaros a todos. Confío en que podamos encontrarnos en alguna ocasión, para que nuestra amistad no sea únicamente ficticia. Voy a ver qué me han respondido los espirituales del foro de Hawking, que no se animan a revelarme la Verdad [sonrisa].
Celebráis el tricentenario de los Principia Mathematica. Según lo que explica Stephen al final de su libro, Newton hubo de ser una mala persona; hasta el punto de que Leibniz, al parecer, murió de pena por su culpa, porque le hizo la vida imposible; debido a su absoluto monopolio en la Royal Society.

¡Madre mía! ¿Cuántas enfermeras podían repartirse un turno? ¡Qué duro el hecho de no poder hablar privadamente con tu propio esposo! Espero que ahora, a pesar de la separación, se encuentre bien cuidado y no sólo eso. La asistencia per se no basta: se necesita amor. Leí unos rumores acerca de Elaine Mason y sus presuntos abusos a Stephen. No opino, pues ignoro su autenticidad. A la Prensa parece gustarle el sensacionalismo, y no voy a alimentar este tipo de morbo, tan odiado y deleznable. Lo único que puedo hacer desde aquí es expresar mi deseo de que nuestro genial físico sea tratado convenientemente y de que nadie, en ningún caso, abuse de su indefensión. Asimismo ruego a Stephen que no aproveche la coyuntura para tiranizar a quienes lo aman, algo muy frecuente en discapacitados. Como me entere, voy y le tiro de las orejas, por mucho que lo adore: ¡ja, ja, ja!
La superprotección es un error fatal. Yo misma la he sufrido a veces y la detesto: impide el desarrollo normal de la persona y en ocasiones te lleva a engaños, como cuando mis colegas estaban encantadísimos conmigo, supuestamente, y yo tan feliz. Todo era falso: me mimaban por mi condición, y al primer inconveniente me lo espetaron a la cara, casi culpándome por ser ciega: "¡Tú no haces las guardias de recreo!". "Bien, voy si queréis; pero me es imposible averiguar qué pasa en una pelea de niños, separarlos, correr tras uno que se esconde...". "No tenemos por qué vigilar en tus exámenes, el profesor de guardia está para otros menesteres". Vg. tomar café en el Departamento, tan ricamente: ¿verdad, bienamado colega? "Un ciego no puede dar clases en Secundaria". "¿Y un tonto como usted sí, queridísimo?" Todo aquel rechazo me hizo colapsar, y si no hubiera encontrado amor y comprensión habría muerto, como también digo a Stephen en mi carta autobiográfica.
Ambos significáis mucho para mí, aunque no nos conozcamos. Confío en no estar molestando por insistente, pero no: yo escribo en el blog; si queréis leerlo lo haréis y si no, pues nada. Como la página es mía, no caigo en intromisiones. Es el método más eficaz y menos invasivo. Pero, ¿por qué me ocurre que, cuanto más leo sobre vosotros, siento como si tuviéramos algún tipo de relación, como si fuéramos amigos? ¿Será la coincidencia de caracteres, o la unión en la discapacidad, o mi propio deseo? En mi círculo familiar y de próximos, cada vez que cito a "mi amigo" saben de sobra a quién me refiero. "¿Otra vez con tu Hawking?" -suelen exclamar. Indubitablemente, algunos me tacharán de loca.
Luego doy una vuelta por Spotify con objeto de buscar grabaciones de la Cambridge Baroque Camerata: ¡soy muy curiosa! Hoy he visto un concierto con piezas de la época de Cervantes. Era un grupo amateur con problemas en la afinación y la ejecución, mas se le perdona. La soprano no vocalizaba en absoluto, y yo entendía los textos porque conocía las piezas. ¡Oh! ¡Cuánto me gustaría formar parte de un conjunto de música antigua!
Voy ya por el 86%. ¿En serio que os hubierais comprado una casa en Granada? ¿Ves? ¡Coincidencias cósmicas! No puedes imaginar cuánto lloré al leer este verano en la breve autobiografía de Stephen que, poco después del fatal diagnóstico, soñaba frecuentemente que salvaba a alguien, y así su vida habría merecido la pena. Yo de pequeña y adolescente solía tener los mismos sueños (en el último pude neutralizar hasta a los nazis de Auschwitz), y me sentía como una heroína. Durante la depresión necesitaba ser salvada para no sucumbir por completo ante mi inadaptación a un mundo demasiado insensible y cruel. Contrariamente a mí que hube de abandonar, Stephen ha tenido éxito en su carrera. Yo, que defiendo a ultranza la igualdad de oportunidades para los discapacitados, he podido experimentar en carne propia el rechazo; la absoluta falta de medios para una integración efectiva y, lo más doloroso, la escasa voluntad y prácticamente nula colaboración de algunos compañeros, especialmente del personal de la Administración.
De acuerdo, mi carrera profesional ha terminado en gran parte por prescripción médica. Lo pasé tan mal que no quisiera arriesgarme a otra depresión sin salida. Pero... ¡La vida sigue! ¡Puedo trabajar como voluntaria, ayudar al prójimo, vivir magníficas experiencias...! En lugar de ver esto como una discriminación, como un estado mental incurable, puedo centrarme en las oportunidades que a partir de ahora voy a tener, antes inaccesibles. Nadie me lo impide. Ahora me toca a mí construir el mundo que deseo. Ya no van a decidir otros; no van a ser el sistema o los requerimientos laborales los que me impulsen. ¡Libertad! A muchos les da miedo el concepto; a mí hace meses también, cuando me veía con todo el tiempo del mundo y sin darle cauce. Ahora, no obstante, agradezco al universo por entero que me haya brindado tantas opciones. ¿Acaso es uno útil sólo desempeñando un servicio remunerado? ¿Por qué? ¿Quién lo decide?
Ya no me avergüenzo ante Stephen. Él ha alcanzado muchísimos logros en el ámbito profesional y yo no podré hacerlo nunca, pero... ¡Hay muchas otras metas! Ahora, como diría él, miro más hacia las estrellas y no a mis propios pies, siendo consciente del mundo que me rodea y de la cantidad de problemas, barreras, injusticias, dificultades, guerras, enfermedades que han de abordarse cada día, cada hora, cada segundo. Quiero ayudar, dentro de mis escasas posibilidades. Quiero contribuir a la felicidad tanto de los más próximos -familia y amigos cercanos- como de otros, conocidos o no; anónimos; personas acomodadas o en dificultades... Ante la adversidad no hay clases, todos la sufrimos del mismo modo. Las depresiones atacan a los bendecidos por la fortuna tanto como a aquéllos para quienes la vida es un problema diario. Paradójicamente, los más necesitados suelen ser incluso mucho más dichosos. Son los del primer mundo, medianamente acomodados y rodeados de artilugios, con el universo a un clic de ratón, quienes suelen hastiarse más ante una existencia que se les antoja monótona, insoportable; porque carecen de guías, de referencias, y ya no saben qué desear, a qué aspirar o hacia dónde dirigirse. Lo predecía Asimov en 1964: "Boredom, boredom!".
Queridísima, no me gustaría que estas líneas aportaran desazóhn a tu espíritu, de modo que abandono el pesimismo.
Ya es de noche. Planeo terminar el libro mañana, ¡y voy a leer más de ti! ¡Me encanta cómo escribes, y tu búsqueda de la belleza en la adversidad, tu ánimo inquebrantable! Eres maravillosa, Jane. Como mencioné antes, me va a dar mucha pena dejaros. Me ha ocurrido con varias novelas que, al concluirlas, he experimentado una especie de sensación de despedida. La diferencia ahora estriba en que vosotros sois personajes reales, si bien moldeados un poco a mi gusto en mi imaginación, puesto que no me es posible por ahora contrastarlo personalmente con la realidad.
¿Conoce Stephen el Instituto de Astrofísica de Andalucía [1]? Allí trabaja Enrique Pérez-Montero, astrofísico ciego. Antes veía más, pero sufre retinosis pigmentaria. Dice que, como del universo sólo vemos un 5%, tampoco importa tanto no disponer del sentido de la vista. Quizás vaya dentro de dos años al Instituto de Astronomía de Cambridge [2]; le enviaré recuerdos para vosotros. Me encantaría que se tomaran más iniciativas para hacernos tocar el cielo, ¡ja, ja! Una semiesfera celeste que nos permitiese meternos dentro, por ejemplo, y contemplar desde ahí el mapa de las constelaciones... No sé: di a Hawking que mueva esas superneuronas.
Buenas noches, Jane. Mañana prometo concluir este artículo, que espero que no resulte demasiado farragoso. ¡Duerme bien!
Domingo, último día de lectura. Ayer llovió, pero escasamente. ¡Ay, qué parcos andamos de agua en estas tierras! Me encanta la lluvia, y la nieve es algo mágico: la he visto tan pocas veces...
En ocasiones, mientras leo, pongo música de fondo, para ambientar sonoramente. Si me encuentro muy concentrada he de apagarla. ¡Qué poco valoramos el silencio! No sé cómo la gente puede mantener una conversación con la tele o la radio puesta: ¡yo me vuelvo loca! ¿Tan insensibles están? Y en los bares, cuando reproducen el fútbol a todo volumen... ¡Y a nadie parece molestarle! Encontré Cambridge muchísimo más silenciosa. También lo que conozco de Centroeuropa: mi sonofobia me obligará a emigrar. ¡Lo deseo tanto...!
¿Seguís teniendo la casa en Francia? ¡Oh! Adoro la tranquilidad del campo y la Naturaleza. Supongo que para ti significaría un respiro más que necesario, después de tanta tensión, tantas intromisiones en la vida privada. "El Gran Hermano te vigila". ¡No sé cómo pudiste soportarlo! Pero... ¡Gracias! ¡Muchas gracias por no ocultar la crudeza de vuestra realidad en consideración hacia otros discapacitados! Los problemas no se solucionan escondiéndolos o negándolos. Espero que Stephen lo haya aprendido. Claro que hay muchos que viven de la compasión que inspiran, algo tan patético denigrante para ellos mismos... Otra tipología es la del que va de fresco, queriendo que se lo solucionen todo y que lo protejan. ¡Hablo por experiencia, he tenido muchos tipos de compañeros ciegos!
Las últimas páginas de tu libro me estaban dejando un poso de amargura: una relación de 25 años, con sus luces y sus sombras, completamente evaporada; vuestro jardín destruido; tus padres muertos; el hijo de Lucy con autismo... Pero todo cambió tras el segundo divorcio de Stephen, cuando regresó a vuestras vidas. Me encantó que pasarais aquella Navidad juntos de nuevo.
Tu última frase me ha hecho llorar como una tonta, cuando decías que había sido un privilegio compartir por unos años el viaje de Stephen hacia el infinito. De pronto sentí que, a pesar de tantos inconvenientes, volvíais a llevaros bien: no todos tus esfuerzos habían sido en vano. Vertí lágrimas experimentando el deseo de abrazaros a los dos. ¡Extraño, si ni siquiera os conozco! Ya incluyo a Jonathan por el mismo precio, y a Lucy... Perdona que no hable de Robert y Tim; es que con ellos tengo menos "contacto". Lucy ha subido algunos vídeos en Internet y aparece en reportajes sobre Stephen. A Tim lo vi ocasionalmente, y a Robert en absoluto. En mis pesquisas para ilustrar la carta a Stephen encontré un vídeo de Lucy y, supongo, los nietos, ¿verdad?
No sé cómo he podido tomaros tantísimo cariño. Creo que alguna fuerza cósmica me une a vosotros. Tal vez tenga que ver con que Stephen llegó a mi vida cuando había perdido toda esperanza y me salvó con su ejemplo, sus palabras de optimismo y su indómito deseo de continuar:

“Remember to look up at the stars and not down at your feet. Try to make sense of what you see and wonder about what makes the universe exist. Be curious. And however difficult life may seem, there is always something you can do and succeed at. It matters that you don't just give up".

¿Cómo? ¡Parecía estar diciéndomelo a mí, mirándome directamente a los ojos y vapuleándome las neuronas! Yo ansiaba abandonar este mundo (el único, por otra parte) y él, en cambio, a pesar de sus dificultades, aseguraba que tenía muchas cosas que hacer antes de morirse. Me sentí despreciable, mas poco a poco entendí que no se trataba de eso: quejarse supone una pérdida de tiempo, un gasto inútil de energía. Vamos a permanecer increíblemente poco en el planeta: ¿cuál es el sentido de anhelar nuestra propia muerte? ¡Aprovechemos lo que tenemos y ya está! La inteligencia consiste en la capacidad para adaptarse al cambio, afirma Stephen; ¡y es cierto! ¡Él se ha visto obligado a asumir cada traición de un cuerpo que lo aprisiona con crueldad, abandonado por la tripulación de un cerebro tremendamente inteligente para todo lo demás!
Tanto me inspiró que, a mi vuelta del Festival Bach de Leipzig, ampliamente relatado en varios artícvulos de este blog, decidí escribir una entrada con Stephen como personaje para frenar a posibles suicidas, desesperanzados e inmersos en un agujero negro como hemos estado alguna vez él, tú y yo; y muchos más, obviamente. Lo he presentado a una psicóloga del Teléfono de la Esperanza con el resultado de que en breve voy a dar una charla. ¿Crees que servirá de algo? Aquí lo dejo, es el segundo capítulo de un tríptico "disuacida": Suicidio (continuación): ¡nunca os quitéis la vida!
Un mes antes, entusiasmadísima con "A brief history of time", me vino un sueño surrealista que decidí ampliar y plasmar: Arrojándome desde la torre de Pisa: conversación con Stephen Hawking.
No sé cómo no me avergüenzo de estas chorradas y tengo la osadía de enviarlas al ciberespacio. Me consuela el pensamiento de que, a fin de cuentas, la red de redes está plagada de estupideces peores. Mi intención era buena, y las circunstancias personales me impelían a escribir. Os pido perdón por ser tan sumamente osada, y en especial a Stephen, mas quiero que sepa que todo esto lo hago desde el inmenso cariño y respeto que le tengo, para divulgar su ejemplo entre mis conocidos y amigos y para decir a quien quiera que esté atravesando una crisis que, con voluntad y ayuda, se sale de cualquier cosa. La radiación de Hawking, ¡ja, ja, ja! ¡Si hasta de los agujeros negros hay escapatoria! Los versos del Infierno de Dante han dejado de aplicarse, pues, y nadie debe abandonar toda esperanza, porque siempre se puede cambiar.
¡Gracias, muchas gracias a todos! ¡Os quiero!


NOTAS.
1) Me enteré hace poco gracias a Emilio Alfaro de que Stephen estuvo en 2005 en el IAA. ¡Qué rabia, podía haberlo conocido! Pero claro: entonces nuestra relación no era tan íntima [sonrisa].
2) Dice Enrique que durante el mes de julio estará en el Instituto de Astronomía de Cambridge; igual se conocen Stephen y él: ¡me encantaría! ¡Sería precioso! Un astrofísico ciego y otro acinético: BOUNDARILESS!!!
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA EN ESPAÑOL.
Hawking, Jane: HACIA EL INFINITO. Hawking, Stephen:BREVE HISTORIA DE MI VIDA. Id., Id.: BREVE HISTORIA DEL TIEMPO.

8 comentarios:

  1. ¡Dios de mi vida Rocío, desde que he empezado a leer ya no he podido parar, sublime, espectacular, magnífica! ¡Ojalá y la pueda leer, nada me alegraría más que eso! ¡Te felicito una vez más, eres grande, muy grande!

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  2. No, grande no: mido 1,56... !Ellos sí lo son! !Magníficos y luchadores, y se alzan victoriosos por encima de las barreras! Thank you!

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  3. Querida mía, lo importante para mí, es que resaltas la bondad y entrega de los cuidadores, la falta de reconocimiento social y apoyo institucional, las pequeñas tiranías del sujeto con limitaciones discapacitantes y sobre todo la fuente de toda creatividad y valor que para mí es la esperanza y la paciencia.
    podrías decirme, amiga mía, que piensas de la alegría de vivir cada día, de oler o presentir los olores de la vida, el tacto y la caricia, las sinfinías cotidianas de lis ruidos domésticos, la radio....y un largo etc...de las futilezas que curiosamente son y componen nuestra sinfonía diaria.
    maria jesus

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  4. ¡Oh, lúcida y peripatética amiga! Muchísimas gracias por tus reflexiones, acertadas en tanto que vienen de una profesional. ¿Cuántos años has desempeñado tu labor como trabajadora social?
    ¡La sinfonía de la vida, qué poético! Creo que voy por el andante tranquillo, después de haber atravesado el adagio languente morendo y el allegro maestoso assai, entre otros.
    Te agradezco asimismo el socrático paseo de esta mañana, tus sabias enseñanzas y que me hagas ver Granada a través de tus inquisitivos, curiosos, avispados ojos.
    ¡Sigue así, adorada!

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  5. Me fascinan los presos: presocráticos. Ellos también buscaban el origen del universo y una ley que lo unificase todo. ¡Oh, pobre Sócrates! Genial y modesto, abanderado de la justicia, con exquisitos valores morales; víctima sin embargo de ls sinrazón y el fundamentalismo. Como Hipatia. Como Galileo. Como tantos y tantos. Ellos, que contribuyeron al progreso de la especie. Ellos, frenados por bárbaros ignorantes...

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  6. Dice un refran que más sabe el diablo por viejo que por diablo y yo creo que algo así nos sucede a todos, claro que, es necesario ver más que mirar, escuchar más que oir y ponerse en los zapatos del otro en vez de dar lecciones huecas.
    Vamos a dejarnos vivir y quitar de enmedio todo aquello que nos impida sentir con el otro, vernos en su espejo y convivir naturalmente.
    Escribe, canta, rie...y sigue poniendo amor en todo lo que haces.

    Fdo:La peripatética de salón.

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  7. ¡Te adoro! Llegaste a mi vida en un periodo dramático, cuando me sentía sola, desvalida y abandonada. Había renunciado al amor -en sentido genérico, se entiende- porque pensaba que el mundo me había dejado a la deriva y yo, por tanto, le correspondería con igual o superior desdén: ¡odiaba! ¡Me odiaba! Me veía como una retrasada mental, neurótica, obsesiva, deprimida sin remedio..., ¡y efectivamente todos parecían tratarme cual si fuese idiota! ¡Amor! Ahora trato de aplicarlo, y me viene devuelto. Tú, por ejemplo, eres una de sus manifestaciones: ¡gracias!

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