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sábado, 30 de junio de 2012

Gennet Corcuera: todo un ejemplo



El mundo en las manos.
Gennet Corcuera, de 31 años, es la primera sordociega española en finalizar estudios universitarios; bueno, también fue la primera en ingresar a la Universidad, con media de 7,28.


Gennet es etíope. Cuando contaba dos años de edad fue abandonada por sus padres en un orfanato de monjas, donde era la única sordociega. Obviamente no podía comunicarse con nadie ni entendía lo que ocurría a su alrededor, pero percibía "cosas malas" de un país "con mucha pobreza, guerras y poca comida". Hubo de afrontar varias enfermedades y sufrió mucho. Por fortuna, el milagro ocurrió: la señora Fernández-de la Reguera, que efectuaba labores diplomáticas, convenció a las monjas para que la dejaran adoptar a la pequeña, que a la sazón tenía siete años. La trajo a Madrid y allí ingresó en el colegio de la ONCE Antonio Vicente Mosquete. Para el Bachillerato, sin embargo, optó por la educación integrada, concretamente lo cursó en el Instituto Leandro Fernández Moratín de Pastrana (Guadalajara). Al principio tuvo mucho miedo y el segundo curso incluso se planteó "dejarlo todo". "Tuve que dividir los cursos en dos, recibía clases de apoyo de los profesores por la tarde. Estaba cansadísima, pero la ONCE me pidió por favor que continuara". Y puso tanto empeño que obtuvo una media más que buena.

Ha cursado Magisterio de Educación Especial y hoy podemos felicitarla por ser la primera persona SORDOCIEGA en España que obtiene una titulación universitaria. En los informativos de TVE ha confesado que tiene muchos proyectos como educadora: confiemos en que pueda cumplirlos y en que en la Administración, donde abundan los sordociegos (y de los peores, pues no quieren ver ni oír), no le hagan la vida imposible. ¡Ánimo, Gennet, estamos contigo! Nos enorgullece que existas; nos llena de esperanza y nos hace cobrar fuerzas para luchar por nuestros sueños e ideales, por un mundo mejor. Tú nos recuerdas constantemente que es posible, siempre que nos empeñemos en ello y lo hagamos con el corazón.


Su referente: Helen Keller.


Seguro que habéis visto "el milagro de Anne Sullivan". Esta película se basa en los primeros años de la vida de Helen Keller (1880 - 1968), escritora, activista y oradora sordociega, la primera en el mundo en obtener una licenciatura universitaria (se graduó "con honores" en la Universidad de Radcliffe).

Como Helen, Gennet sabe muy bien que su destino es luchar y que tendrá que esforzarse muchísimo para conseguir metas asequibles al común de los mortales; pero no se amedrenta, y ahora somos nosotros quienes le pedimos por favor que continúe: ¡bravo, Gennet, y gracias!


martes, 19 de junio de 2012

Mi crítica literaria para "Historias de papel".

En este espacio del suplemento literario autonómico de RNE leen mi recomendación literaria. La carta comienza aparentemente de forma extraña, pero fue porque no leyeron el asunto: "mi último libro". Me llevó a bromear con que, evidentemente, no era mío, no me había metido a escritora de golpe...
 

lunes, 18 de junio de 2012

Interesante documental

Ojos biónicos, implantes cocleares, manos protésicas... La tecnología suaviza barreras.
 
 

lunes, 11 de junio de 2012

¡No se dirigen a los ciegos!



Esta mañana fui al oftalmólogo. Lo que voy a relatar no me sorprende, de tan habituada como estoy a ello, por más que tal actitud carezca de sentido común. La médico, buena profesional por otra parte, no se dirigió a mí en ningún momento. Como entré con mi madre, le hablaba a ella:
"¿qué tratamiento está siguiendo?". Yo le respondía. "¿Pero a ella la ven aquí o en Granada?". Volvía a responder yo, y así sucesivamente. Sólo me habló directamente en una ocasión, para pedirme que mirara hacia arriba: muy lúcido, sí, señora; ¿no sabe un oftalmólogo que los ciegos no controlamos los movimientos del globo ocular?



En las tiendas de ropa suele sucederme otro tanto cuando voy acompañada: "¿Y ella qué talla usa?". "¿Bueno, qué tal le queda?". Yo me siento como un maniquí o una modelo en su desfile.


Mi padre justifica este comportamiento por el hecho de que los ciegos desconcertamos a nuestros interlocutores al no mirarlos a los ojos; pero es que, precisamente, ¡somos ciegos! He conocido a muchos que nunca se habían relacionado con personas privadas de visión y que, a pesar de ello, me han tratado con la máxima exquisitez. Por eso opino que se debe a una falta de educación, de cultura... Como cuando alguien tiene que dirigirse a otra persona por medio de un intérprete y no mira a su interlocutor, sino al mediador.

Aprovecho, ya que estamos, para denunciar algunas torpezas más en que caen los videntes; no, no los que leen las cartas, que también se sorprenden muchos ante el término "vidente".


Caso 1. Voy por la calle, perdida, desesperada. Doy veinte vueltas en un sitio porque no me ubico; alguien me ve, lo observa todo y no actúa. A la media hora me acerco porque noto la presencia de algún peatón; me dirijo a él. Respuesta: "Sí, llevo viéndote un rato pero no me he acercado porque una vez quise ayudar a un ciego y le sentó mal". Sé que es mentira, la excusa para no acercarse. Esto tiene una variante: "[...] porque no quiero que te sientas ofendida si te ayudo". ¡Madre mía! ¿Pues no me está usted viendo solicitar a gritos esa asistencia?


Caso 2. En cualquier escenario; de golpe se acerca alguien y proclama bien alto, para que todos lo oigan: "¡Ay, qué lástima! Con lo joven que es... ¿Cómo permite Dios esas cosas?". Señora -suelen ser mujeres-: si le da lástima, lo normal es que se lo guarde para usted misma, ¿no? ¿O acaso le gustaría que yo hiciera partícipe a quien quisiera oírlo que me apenan su vejez, su falta de cultura, su fracaso vital?


Caso 3. Te ayudan a cruzar o a encontrar una dirección y ya aprovechan para darte sabios consejos: "¿tú por qué no tienes un perro?". Respondes que no te gusta, que conlleva muchas implicaciones, que prefieres el bastón... "Pues un perro te ayudaría mucho, te llevaría a los sitios...". Alma de cántaros, el perro no viene con GPS incorporado.


Caso 4. Ante un semáforo sin indicador acústico. No te fías, muchas veces la gente cruza en rojo; así que, lo de seguir al personal... Aguardas y aguardas, a veces derritiéndote bajo el inclemente sol. Los peatones pasan, no dicen nada; no sabes si están cruzando en rojo o en verde... Al final llega uno con las palabras que más feliz te hacen en todo el día: "Está en verde".


Caso 5. Alguien te ayuda a cruzar o te acompaña en un tramito determinado, pero... ¡Oh, fatalidad! Te agarra el bastón, por el extremo. Y tú detrás, sintiéndote como un perrillo con correa... Un día voy a llevar vendas en el bolso para tapar los ojos a quien me haga tal desaguisado.


Caso 6. Vas andando por la acera y de pronto se ha formado un muro de gente que te impide el paso. "Disculpen, por favor...". No se apartan, no se apartan...


Caso 6.B.: vas caminando y la gente se topa con tu bastón, algunas señoras incluso llegan a caerse. El otro día fue una al suelo. Me acerqué preocupada para inquirir si se encontraba bien; no me contestó, estoy habituada a ello. Llegó otro señor, a él sí le habló: "Quise esquivarla y me metió el bastón entre las piernas". Digo yo que podrían darme un poco de visión, ellos no la usan.


Caso 7. Estás perdida, oyes a un grupo de gente. Te acercas: "Por favor, ¿podrían indicarme...?". La reunión, que antes hablaba animadamente, se calla. "¡Gracias!" -exclamas con ironía y pasas de largo; entonces reanudan su conversación. Señores, soy ciega, pero no tonta.


Caso 8. Una conversación. "Ayer vi en la tele... Ay, perdón". Señora, que yo utilizo el verbo "ver" con la misma naturalidad que usted. Aunque es cierto: por ver la mierda que nos pone la televisión en España hay que disculparse eternamente.


Caso 9. "Como tú no me puedes ver, tócame la cara, así te haces una imagen". Bueno, si me lo dice un chaval apuesto siempre se podría sacar partido.

Típicas preguntas a ciegos.


A.- Y si no ves, ¿cómo sueñas? ¡Madre mía! Yo es que ni siquiera imaginaba que a la gente se le plantease esa duda.


B.- "Entonces, si no ves, lo ves todo negro". "No, no veo nada". "Ea, negro". "¡Que no, nada de nada!". "¿Y cómo te imaginas los colores?". "No los imagino, nunca los he visto; sería como preguntar a un sordo cómo se imagina la 9ª de Beethoven".


C.- "¿Y cómo vas sola a los sitios? ¿Por qué no te acompaña nadie? ¡Qué pena!".


D.- "¿Qué número salió ayer?". Te ven ciega y presuponen que eres vendedora de lotería de la ONCE. Si les digo que estoy trabajando, ni preguntan: el único trabajo concebible para un ciego, según ellos, es ése. Luego se llevan un chasco cuando les indico que soy profesora... "¿Pero de niños... hm, normales?". "No: mis alumnos ven, mas lo de "normales" tendríamos que hablarlo..."


Me despido con otro caso real; aunque parezca increíble, así ocurrió:


Iba por la calle y rocé la pierna de una señora con el bastón, un mero toque. Le pedí disculpas, cuando tenía que haberlo hecho ella por haberse interpuesto en mi camino; me está viendo, yo a ella no. "Nos van a matar -exclamó-: los ciegos, los cojos y los mancos". Me quedé tan sorprendida que no reaccioné, no le dije que más nos iban a matar los nazis estúpidos descerebrados como ella.


Moraleja: si alguna vez se encuentran con un ciego, actúen por favor con la máxima naturalidad; déjense llevar por el sentido común. Gracias.


miércoles, 6 de junio de 2012

Die deutsche Sprache und ich: cómo aprendí alemán



En este artículo, escrito hace unos meses para una revista alemana de ciegos, aclaro mis peripecias con la hermosa lengua de Goethe.

((Rubrik))
Thema

Die deutsche Sprache und ich

Es gibt Menschen, die sind in ein Land hineingeboren worden, in das sie vielleicht gar nicht gehören. Rocío Sánchez ist so ein Mensch. Sie ist Spanierin, ihr Herz schlägt aber für Deutschland. Als sie dies für sich entdeckt, kann sie nichts davon abhalten, Deutsch zu lernen – nicht einmal eine alte Punktschrift-Grammatik aus der Franco-Zeit.

((Text))

Immer schon war die deutsche Sprache etwas Besonderes für mich. Der Grund ist ganz einfach: Ich liebe klassische Musik, vor allem Bach. Deshalb bin ich stets in Kontakt mit deutschen Texten gewesen, etwa mit Kantaten- oder Oratorientexten. Die Entscheidung, mich ernsthaft mit der Sprache der Dichter und Denker zu beschäftigen, fiel 2003, als mir meine Tante ein herrliches Geschenk machte: eine Woche Österreich. Wir reisten mit einer Gruppe; es war also nicht nötig, Deutsch zu sprechen, aber gerade das wollte ich. Es blieb mir ein Monat bis zu unserer Reise, ich hatte also wenig Zeit.

Ich lieh mir beim spanischen Blindenverband eine Grammatik in Punktschrift aus, die einzige, die Erklärungen auf Spanisch enthielt. Sie war sehr gut, systematisch, mit vielen Regeln, hatte aber einen Haken: Sie war von 1944 und nutzte Strukturen, die nicht mehr verwendet wurden. Außerdem war sie politisch geprägt – mit Kriegsvokabular und Gedanken der katholischen Moral: „Die Verräter müssen erschossen werden." – „Seid immer eingedenk eurer Pflichten gegenüber Gott und dem Vaterlande." – „Wer ist des Weges kundig?" – „Der Alkohol ist dem Körper und der Seele schädlich." Da ich die Grammatik zurückgeben musste, notierte ich fieberhaft die Erklärungen jeder Lektion und all die Vokabellisten. In der Nacht träumte ich von Andreas Hofer, Held im lieben Land Tirol, der nach Mantua entführt wurde, von tapferen Soldaten und Feinden, die sterben sollten …

Meine Familie und Freunde waren vollkommen überrascht, dass ich Deutsch lernen wollte, und meinten, es sei zu spät: „Die Sprache ist kompliziert. Hättest du als Kind damit angefangen ..." Ich ließ mich entmutigen und dachte, dass ich nie fähig sein würde, diese Sprache zu lernen. Doch plötzlich wandelte sich die Frustration in neue Energie: Warum nicht? Ich lernte noch fleißiger und hörte die Deutsche Welle mit einem Kurzwellenempfänger – damals hatte ich noch keine Internetverbindung.

Bei unserer Reise nach Österreich konnte ich viel verstehen und – was für mich am erstaunlichsten war – die Leute verstanden auch mich. Einige meinten sogar, mein Deutsch sei gut – ein nettes Kompliment! Es war das erste Mal, dass ich ein deutschsprachiges Land besuchte und es war für mich wie eine Offenbarung: Alles, was ich liebte, alles, wovon ich geträumt hatte, existierte tatsächlich: die Musikleidenschaft, die gebildeten Leute, sehr freundlich und mit exquisiten Manieren, der Bürgersinn ... Und klar, auch die Schönheit der Landschaften. Mozarts Heimat zog mich in ihren Bann.

Am Tag meiner Rückkehr nach Andalusien stand für mich fest, dass ich mit dem Lernen der Sprache weitermachen würde. Ich wollte es auch aus Liebe tun, als eine Art von Dankbarkeit an ein so herrliches Land, an so nette Leute. „Je mehr ich lerne, desto besser kann ich mit ihnen kommunizieren", dachte ich.

Ein paar Monate später belegte ich einen Kurs am Goethe-Institut in Granada. Man war überrascht: Einerseits hatte ich einen großen Wortschatz und gute Grammatik-Kenntnisse, andererseits nutzte ich zu gehobene oder veraltete Strukturen. Meine Lehrer sagten immer: „Das ist altmodisch! So etwas schrieb Goethe! Du musst dich modernisieren!"

Im Jahr 2005 fing ich an, Übersetzen und Dolmetschen zu studieren. Ich arbeitete schon seit 2004 als Musiklehrerin, doch nachmittags und abends besuchte ich nun die Universität. Die Lehrer waren sehr verständnisvoll und hilfsbereit. Am meisten half mir das Internet: Ich konnte deutsche Texte lesen, Radio hören und Freundschaften schließen. Bald ging ich wieder auf Reisen, diesmal nach Deutschland und in die Schweiz. Mein Eindruck von Österreich bestätigte sich und ich verliebte mich regelrecht in diese Länder, in „meine" Länder, wie ich seitdem sage.

Ende 2007 unternahm ich meine erste Musikreise, die mit dem Tölzer Knabenchor zu tun hat. Ich bin eine große Bewunderin dieses Chores und stehe dank Internet mit einer Fangruppe in Kontakt. Ich habe Konzerte in Bad Tölz, München,Irsee und Stams besucht – für mich außergewöhnliche Erlebnisse. Mit den Fans habe ich Freundschaften geschlossen, obwohl wir uns nur ein- oder zweimal pro Jahr sehen. Wir halten den Kontakt per Mail.

Ich kann also sagen, dass dieser Moment im August 2003, als ich die Entscheidung traf, Deutsch zu lernen, mein ganzes Leben verändert hat: neue Freundschaften, neue Kenntnisse von anderen Ländern und folglich eine neue Weltanschauung, neue Ziele und Träume. Wer weiß, ob ich irgendwann für immer in Deutschland leben kann!?

((Autorin))

Rocío Sánchez (32) ist von Geburt an blind und lebt in Granada, Spanien. Sie arbeitet als Musiklehrerin und hat Hispanistik und Übersetzen / Dolmetschen studiert.

((BU))

Möchte am liebsten in Deutschland leben: Rocío Sánchez, spanischer Fan des Tölzer Knabenchores

Andere Links:






lunes, 4 de junio de 2012

Programa televisivo dedicado a las tiflotecnologías


El espacio Redes de ayer estuvo dedicado a las tiflotecnologías.
Eduard Punset entrevistó a Mª Jesús Varela, directora del CIDAT, y se vio el uso de diferentes aplicaciones y aparatos específicos para ciegos: detector de colores, IPhone con Línea Braille, revisores de pantalla, etc.
Una maravilla que piensen en nosotros en el ente público RTVE, pero que empiecen por hacer la web más accesible. :-)